domingo, 5 de octubre de 2008

La independencia de Chile ¿Enfrentamiento entre chilenos y españoles?



La independencia de nuestro país tiene su raíz intelectual en el Movimiento Ilustrado que tiene su origen en la Inglaterra del siglo XVII. Luego ésta se difundió en Francia, y alcanzó su madurez en el siglo XVIII.
El Enciclopedismo se encargará de esparcir las ideas ilustradas, a través de una obra de tanto renombre como lo es la Enciclopedia, donde por primera vez las distintas materias del conocimiento se ordenarán alfabéticamente.
El fondo del movimiento ilustrado consistía en el predominio de la Razón empírica o científica, sobre la fe, y la razón lógico-deductiva como instrumento de la metafísica. Todo conocimiento debía pasar por el filtro de la razón inductiva, lo que debía tener su apoyo en una investigación exhaustiva de la realidad (experimentada) que no dejase ningún margen de duda.
El dogmatismo o cualquier conocimiento que no pudiere ser comprobado rigurosamente de la manera antes dicha, debería ser desechado.
La metafísica, la razón lógico-deductiva, apoyaba al sistema monárquico de gobierno como el mejor frente a la aristocracia y la democracia.
La unidad que entregaba la monarquía al sistema político, tanto en el tiempo, con la prolongación de una casa reinante, la dinastía, o sucesión de reyes, como en el espacio, dando coherencia a distintos pueblos y culturas en un territorio determinado, jugaban a favor de la monarquía. También, la unidad de mando era importante, ya que podía permitir un gobierno más coherente y eficiente.
La filosofía escolástica fue la mayor defensora de la monarquía, con su “príncipe” santo Tomás de Aquino (1225-1274), un dominico de la Edad Media que unió fe y razón, construyendo todo un edificio que dio los fundamentos para la construcción de una sociedad que debía ser auténticamente cristiana.
Esto último, fue rechazado por la ilustración, ya que fue considerado como simple dogmatismo, como una construcción que no tenía raíces en la verdadera realidad.
La monarquía perderá su fundamento racional metafísico como la mejor forma de gobierno. Desde ahora, cualquier otra forma de gobierno podrá alegar mayores cualidades que la forma que entroniza al rey como el mejor director de la sociedad.
La ilustración socavará los cimientos de la monarquía convirtiéndola en un mito, no sólo para aquellos que la reprueban desde fuera, sino que también para aquellos que deberían haber sido sus defensores: la nobleza y la jerarquía eclesiástica.
Las ideas ilustradas se difundirán generosamente en universidades, institutos, seminarios y en salones aristocráticos. Sólo hará falta el momento propicio para que sus ideas de la sociedad se concreticen, como con la revolución americana de 1776 que creara la república de los EEUU, y la de 1789 que guillotinara al rey francés Luis XVI, y que impondrá una república a sangre y fuego.
En la América Hispana el momento propicio llegará en 1808, cuando Napoleón Bonaparte secuestre al legítimo rey de España don Fernando VII e instaure a su hermano como rey, José Bonaparte.
El pueblo español no tolerará esta situación y a su vez instalará juntas gubernativas que gobiernen en lugar del rey prisionero iniciando también una guerra contra el usurpador.
Este es el momento propicio para que los ilustrados independentistas de la América Hispana puedan tomar las riendas del poder para instaurar repúblicas independientes del rey y del imperio español.
Escolásticamente se entiende que la autoridad del rey proviene de Dios, pero pasando por el pueblo. En ausencia del rey, la autoridad vuelve al pueblo.
El catecismo político-cristiano, de autor anónimo, que circula en Chile por aquellos años expresará esta idea escolástica como fundamento para la institución de una junta de gobierno, la que se hará efectiva el 18 de septiembre de 1810.
La junta convocará a la elección de un congreso nacional en abril de 1811, pero en su constitución, la mayoría de sus componentes serán moderados y pro realistas, por lo cual la posibilidad de una independencia se verá lejana.
Sólo el golpe de estado del 4 de septiembre de 1811, dirigido por José Miguel Carrera, joven militar aristócrata, permitirá cambiar la composición del Congreso, haciéndolo independentista.
La rivalidad entre José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins dividirá a las fuerzas independentistas y republicanas llamadas patriotas, lo que tendrá sus consecuencias en 1813 cuando se envié una expedición realista o monarquista desde el Perú, la que vencerá a las fuerzas rebeldes el 1 de octubre de 1814 en la batalla de Rancagua.
Esto pondrá fin a la llamada Patria Vieja, en la cual el pueblo chileno aun no asumía en buena medida la participación en una guerra que veía como ajena.
Es más, podemos decir, que una buena parte de las tropas realistas estaba formada por chilenos, especialmente de Valdivia y de Chiloé. Se trataba de una guerra civil en la cual se enfrentaban chilenos y peninsulares que apoyaban a la monarquía, y chilenos y peninsulares que apoyaban la independencia y la república, en una conciencia de lucha más arraigada en los niveles más altos o directivos que en los más bajos.

Dentro de la tesis de una guerra civil encontramos, entre otros, a Lorenzo S., Santiago y Zamorano G., Manuel, autores de "CHILE Y AMERICA, ayer y hoy " de Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda., Stgo. 1971, que nos dicen: “La independencia no se consuma con la constitución de las Juntas, tampoco en el momento en que ella se proclama. Se desarrolla en un período de aproximadamente catorce años y se logra cuando los ejércitos criollos derrotan a las fuerzas realistas en las llamadas " guerras de independencia”. Estas guerras tienen el carácter de guerra civil: se enfrentan casi siempre peninsulares y criollos, pero en ambos bandos se hayan unos y otros. Este hecho explica que la lucha armada haya sido relativamente larga, a pesar de haber enviado España a América escasos contingentes militares”.

En el libro titulado "Las Guerras en el primer tercio del siglo XIX en España y América" publicado en el año 2004. Castañeda Delgado. Editorial Deimos. Se dice en sus páginas 594-595 que: “en realidad, el 90% de los efectivos de los llamados ejércitos realistas eran de procedencia americana, así como un porcentaje significativo de altos mandos republicanos eran españoles peninsulares de nacimiento”.

También habrá mapuches que lucharan por el rey y otros por la patria. Por el rey se dará por “pactos (que) habían consagrado a los hombres de la tierra en estatus jurídico de nación soberana y, en consecuencia, les aseguraban la posesión de sus bienes, cuestión altamente sensible para los mapuches.
Estos tratados, además, habían otorgado cierta estabilidad a la frontera y consagrado la alianza militar según la cual los jefes nativos se comprometían a ser amigos de los amigos de los españoles y enemigos de sus enemigos” (Casanova G., Holdenis; “ENTRE LA IDEOLOGÍA Y LA REALIDAD: LA INCLUSIÓN DE LOS MAPUCHES EN LA NACIÓN CHILENA (1810-1830)” Revista de Historia Indígena Nº4Departamento de Ciencias Históricas, U n i- v e r s i d a d de C h i l e).

Durante el período de la Reconquista monárquica, que transcurre desde octubre de 1814 a febrero de 1817, el realismo volverá a tomar control de Chile. Los partidarios del rey van a dirigir una represión contra los que habían apoyado a las patriotas con arresto de personas, destierro a la isla Juan Fernández, incautación de bienes a los sospechosos y posterior venta en remate.
Estas acciones que según los historiadores conducirán al enajenamiento del sentir monárquico en el pueblo, llevaran a la derrota de las fuerzas realistas en la reconquista republicana, como vemos en la batalla de Chacabuco en febrero de 1817, al quedar privados de un mayor apoyo de la población.
Pese a esto el apoyo del pueblo al realismo continuará. Sólo el 5 abril de 1818, se dará la última batalla con un cuerpo expedicionario realista, equipado en tres cuartas partes de sus componentes con chilenos. En la batalla de Maipú, los patriotas tendrán su definitiva victoria.

Profesor Carlos A. Fuentes Martínez
Licenciado en Historia
9250784-K
Liceo Experimental de la Universidad de Magallanes
Punta Arenas

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